viernes, 31 de octubre de 2014

Carta a lx incautos… O de cómo las desapariciones de los normalistas no pueden separarse de la lucha contra las reformas neoliberales, la represión, la imposición de EPN y la lucha total contra el sistema.


Los días pasan y las discusiones se avivan, los comentarios surgen al calor de las manifestaciones y muchos jóvenes de la “pseudo-intelectualidad” pos-moderna y desencantada lanzan comentarios como: “no van a lograr nada”; “el estado mexicano es invencible”; “la revolución es imposible; “las manifestación solo son desfiles bien portados”; “no todos somos Ayotzinapa, bola de nacos”; o la que más ha provocado discusión , “no entiendo por qué en las marchas tenemos que mencionar las reformas neoliberales cuando la marcha solo es por los desaparecidos”.
Como sea, nosotros pensamos que es imposible prever las consecuencias de una lucha, afirmar la omnipotencia del estado, o la reacción de una multitud al calor de un acontecimiento como el de Ayotzinapa. De igual manera, pensamos inútil enfocarnos en cambiar las opiniones de quienes se encuentran atravesados por una mentalidad hiper-individualista, consumista y nublada por la simulación de la cultura virtual.
En su lugar, preferimos sentir y pensar que no somos los únicos en este mar perverso de servidumbre voluntaria y que no estamos solos al levantar la voz y expresar nuestra voluntad contra las injusticias que comete el Estado mexicano. Nosotros decimos, que no sabemos quiénes son nuestros aliados en esta lucha y que se necesita una tormenta social como la que hoy vivimos para descubrirlo. Que podemos auto-organizarnos para extender la lucha y realizar una crítica total y entusiasta a nuestro actual modo de vivir que se ajusta a las perversidades del sistema.
En este sentido, ver la desaparición y asesinato de normalistas en Guerrero como un hecho aislado y sin relación con lo que sucede en el país, se disuelve ante su propia debilidad reduccionista y reflexiva.
A estas alturas debemos advertir, que por muchos años los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidoro Burgos” se han puesto de lado del pueblo y han practicado una verdadera educación científica, gratuita y popular. Además, estos luchadores de la Normal Rural han demostrado a partir de la acción directa, su aversión total ante el sistema capitalista neoliberal y el Estado mexicano
Así mismo, los compañeros constituyen un brazo poderoso de la lucha social en nuestro país; brazo que se ha opuesto a las reformas neoliberales, tanto en la educación como en los energéticos y, las otras que se han orquestado desde la imposición de Peña Nieto.
Es por eso que los asesinaron y los desaparecieron, no porque en Guerrero haya un vacío de poder como pretenden hacérnoslo creer los medios de propaganda como TELEVISA y TV Azteca. Sino porque este es el móvil represivo de este narco-gobierno, mismo que institucionalmente viste de policía y militar, pero que extiende sus tentáculos hasta lo más recóndito de los carteles del narcotráfico para utilizarlos como brazos paramilitares de represión y terror clasista.
Es un error pensar que un hecho particular como los desaparecidos de Ayotzinapa, no guarda relación con otras fechorías e injusticias que se cometen en este país. Sin embargo, creemos también que parte del éxito de este sistema político y económico consiste en lograr mantener el holograma de la separación y la particularidad de los hechos. En base a ello, han logrado que creamos que nos encontramos divididos en categorías como la de estudiante, obrero, ama de casa, homosexual, inmigrante, etc.; mientras allá arriba actúan en consenso con una clara conciencia de su condición de clase dirigente.

Por el contrario, creemos que el éxito de nuestra protesta debe radicar en la capacidad de hacer una crítica coherente de las canalladas que están sucediendo; en la capacidad de hacer relaciones entre las cosas, para comprender al sistema que las produce, y a su vez los efectos particulares del poder: como las desapariciones; los despojos; la progresiva precarización de la vida; la represión; la disminución de los planes de estudio; el deterioro ambiental; etc., etc., etc. Así mismo, en la superación de los roles y obligaciones bajo los cuales el sistema nos tiene dispersos y separados. 

miércoles, 29 de octubre de 2014

Encapuchad@s y sin violencia


Encapuchadxs realizan actos de desobediencia civil y develan el caracter reformista y timorato de los partidos politicos seudo revolucionarios.

Encapuchad@s y sin violencia realizamos acciones de desobediencia civil.

Encapuchad@s y sin violencia pegamos a lo largo de la marcha nuestro mensaje, ya que los medios de comunicación solo repiten las líneas dictadas por el gobierno. Nosotr@s tomamos cada muro y espacio en las calles para que nuestra palabra sea escuchada, las cámaras, micrófonos y cada diario son suyos, están comprados, las calles son nuestras y las haremos gritar ¡resistencia!, el rostro de Emiliano Zapata clamando justicia no puede ser vandalismo.

Encapuchadas y sin violencia bloqueamos las calles, por que la cotidianidad del día a día no puede seguir igual, los carros no deben seguir corriendo y la gente caminando, sin ver, sin escuchar, sin pensar, que nos están matando cada día, que nos están robando cada día y que cada día es otro igual que el que paso. Que la policía se detenga, que se quede atrás, lejos de nosotr@s, no los queremos a nuestro lado, no los queremos ver, los despreciamos, no los queremos por que en cada policía corrupto yace un asesino como los que dispararon contra nuestros  compañeros en Ayotzinapa.

Encapuchad@s y sin violencia tomamos el escenario y los micrófonos del concierto organizado por la UABC, porque la universidad es publica y no privada, es nuestra y no de las autoridades universitarias; porque en la universidad no hay democracia y su rector es acusado de especular con los fondos de lo que considera su universidad, su negocio a través del cual vende proyectos millonarios a la iniciativa privada y al gobierno quien le compra a la UABC lealtad y obediencia con esos contratos. Queremos decirle a las autoridades universitarias que su represión y su soberbia solo provocara más rabia que les explotara en las manos.

Encapuchad@s y sin violencia sentenciamos que ¡Peña Nieto va caer, va caer, va caer, Peña Nieto va caer!

Encapuchad@s y sin violencia rebasamos a los pretenciosos líderes, que pretendían dirigirnos, controlarnos, quienes con sus aburridos discursos y sus arcaicos métodos de lucha solo ahogan el poder de acción de las masas; nos mostraron una máscara bonita pintada de democracia y en la práctica mostraron que pretenden ser la voz a la que el movimiento tiene que obedecer. Demostraron también que se opondrán a cualquier iniciativa y propuesta que no salga de ellos mismos; al modo de López Doriga, Loret de Mola y la SEGOB nos gritaban escandalizados ¡vándalos ,violentos, anarquistas!, poco menos que terroristas, señalándonos como una especie de chivatos y de una forma más vulgar que cualquiera de los políticos del PRD, PAN o PRI. Finalmente, ante la victoria del templete tomado quisieron  montarse e ir a pedir el micrófono que los vándalos violentos habíamos ganado poniendo el pecho al enemigo.

A ellos y a los timoratos les decimos, “Cuando una ley es injusta lo correcto es desobedecer”, como decía Mahatma Gandhi, ¿ahora qué harán, acusarlo también de vándalo violento?

La pasividad es estéril, el pacifismo  es sumisión.

La paz que nos ofrecen es la paz de la miseria, la paz del opresor, la paz que para nosotr@s significa muerte. La misma que desaparece a nuestros colegas, la que roba, hace fraudes, la que prefiere militarizar al país antes que repartir los bienes de forma equitativa.

Por eso y más seguiremos desobedeciendo y gritando: ¡Vivos se  los llevaron, vivos los queremos!

sábado, 25 de octubre de 2014

¿Ciudadanistas o rebeldes?

Ciudadanistas y rebeldes en la opinion pública.
Las desapariciones forzadas de normalistas en Guerrero revelan el nivel de la guerra social que se vive en nuestro país. Por un lado, las redes de poder que atraviesan las instituciones y actúan en la sombra bajo el manto del narcotráfico, develan la organización y complicidad de la clase política con las elites económicas, los corporativos multimedia y las “guardias blancas” que se financian con actividades del crimen organizado.
Por el otro, hace evidente la dispersión que existe en las clases subalternas, quienes maravillados ante el simulacro del espectáculo televisivo y embaucados con las ideologías del consumo y el individualismo urbano, no logran vislumbrar la magnitud de la confrontación clasista que se desarrolla ante sus narices como resistencia ante el “despojo” neoliberal y el reajuste de las relaciones de poder.
No obstante, millones de mexicanos hoy se encuentran en la calle protestando y organizándose ante el actual estado de cosas, de lo cual emergen por lo menos dos estrategias visibles: las vías de la sociedad civil o el ataque. Aunque claro la realidad siempre supera el análisis frio de las apariencias, de lo cual deducimos que habrá casos en que redes resistenciales y subterráneas atraviesan ambas estrategias con la finalidad de cercar al enemigo; a esto le podríamos denominar, si quieren, resistencias híbridas, las cuales considero han sido muy visibles y presentes desde la aparición del neo-zapatismo.
Como ejemplo de agrupaciones que emergen de la sociedad civil y que expresan su repudio a los hechos de Iguala Guerrero y apoyo a las “victimas” se encuentran los comités civiles, los foros y conferencias que han surgido para entablar un dialogo con las autoridades por “el caso”; pero también las instituciones universitarias tipo UNAM o IIC-Museo UABC que han emitido un posicionamiento ciudadano al respecto; la Iglesia y sus actores divergentes como Solalinde; los propios partidos políticos y sus líderes, como fue el caso de Cárdenas, AMLO e incluso el propio PRI; etc., etc., etc.
Como contraparte se encuentran millares de combatientes que han salido a las calles para provocar el ataque y la conflictividad permanente contra el Estado, demostrando que la reivindicación por la aparición de los normalistas desaparecidos puede desencadenar y hacer evidente la violencia estructural que subyace en la relación de gobierno y gobernados.
Debo mencionar que ambas estrategias  presentan características muy particulares que en cierto momento pueden en su caso ahogar la rebeldía o permitir una ruptura a partir del antagonismo que propicie la autonomía de los propios rebeldes ante la ideología de la clase dirigente y su “Frankenstein” ciudadanista.
Por un lado, las vías de la sociedad civil permiten que el descontento fluya por los canales de protesta que ofrece el Estado, lo cual permitirá en su momento, que se ahogue la ira o se recupere la reivindicación inicial en las instituciones, con la finalidad de ejercer una dominación eficaz y sutil sobre la propia sociedad civil.
De igual modo, las opiniones o resolutivos que han surgido desde la sociedad civil permiten que se mediatice el acontecimiento y el conflicto y, que sea recuperado por la opinión pública, fabricándose así nuevos elementos ideológicos que permiten a su vez que los grupos de poder que gobiernan este país preserven su hegemonía.
No podemos rasgarnos las vestiduras ante este hecho, sino más bien develar la ideología que subyace las vías de la sociedad civil, con la finalidad de identificar en el proceso de lucha a los actores que actúan bajo dicha lógica.
Debemos advertir que bajo esta idea se encuentra una confianza liberal y demócrata de que los ciudadanos pueden presentar una resistencia al Estado dentro de los propios medios que ofrece el Estado. Paradójicamente, la finalidad del ciudadanismo pretende reforzar al Estado mediante una democracia representativa eficaz, en la que el ciudadano será el agente pasivo que terminara por supervisar el proceso de democratización.
Resulta interesante observar como a partir de los 43 normalistas desaparecidos más los asesinados, las instituciones y la sociedad civil “bien portada” intentan recuperar este hecho trágico para afinar y ajustar las instituciones políticas y los marcos de participación ciudadana.
Más interesante aún, si consideramos que los estudiantes normalistas de Ayotzinapan representan un brazo fuerte en la presente lucha social, no solo de su Estado sino del país. Y, que estos luchadores de la Normal Rural “Isidro Burgos” han demostrado a partir de la acción directa, su aversión total ante el sistema capitalista neoliberal y el Estado mexicano.
Debemos poner atención a los compañeros en lucha en Guerrero y no tomar como víctimas a los compañeros desaparecidos, sino como bandera y ejemplo de combatividad.
A su vez debemos estar atentos ante la intromisión de los medios como el Canal 66 en la UABC, el posicionamiento institucional del IIC-museo e incluso de las propuestas reivindicativas de la OPT, quienes tal vez –dándoles el beneficio de la duda- no queriendo puedan ahogar la lucha una vez más.
Vienen algunas propuestas como las asambleas interuniversitarias, tal vez un congreso universitario, o tal vez nos ganen una vez más los acontecimientos y un nuevo “trend topic” desvíe la atención del gran público hacia las luces destellantes de la simulación.

Sea como sea, debemos estar alertas e identificar los signos de los tiempos, prever la progresiva precarización que se está efectuando, incluso en la frontera, a partir de la aplicación de las políticas neoliberales; las características violentas que toma la protesta generalmente cuando viene desde abajo; la paulatina pérdida de status de las clases profesionistas; etc.  Desencadenar las pasiones populares para conocer la magia de la revuelta y lograr levantar el velo del simulacro en el que se pierden nuestras aburridas vidas, puede ser una apuesta mayor cuando nos enfrentamos ante la imprevisibilidad de las explosiones sociales; sin embargo, la tensión que logremos generar a partir de la conflictividad permanente debe contribuir a la profundización de la lucha que desemboque en la paralización de la economía y la infraestructura, la toma o deserción de los lugares de producción y distribución, pero sobre todo en el abandono de los roles sociales y las obligaciones que nos impone el sistema. 

martes, 7 de octubre de 2014

Movimiento Estudiantil. ¿Lucha Reivindicativa o Antagonismo?


Los acontecimientos de los últimos días a lo largo y ancho del país dejan entrever la emergencia de una nueva ola de protestas estudiantiles y juveniles como las ocurridas en 2012. A mi parecer estas deben ser clarificadas a partir del debate horizontal, con el fin de sobrepasar los límites impuestos por la reivindicación parcial, la sociedad civil y la debilidad de análisis de algunas tendencias políticas y “revolucionarias”. La finalidad es evitar la ambigüedad y la derrota de la que huimos en el 2012 para auto constituirnos como organización revolucionaria independiente y, brindar un análisis coyuntural para la discusión con los compañeros con los cuales pretendemos construir una tendencia autónoma y verdaderamente antagonista. Sobre lo anterior, sería conveniente situarnos más allá de las validas demandas que presenta el movimiento estudiantil, para pasar a la crítica real del actual estado de cosas.
Debo resaltar el hecho de que aún no pasa ni siquiera un año de las reformas neoliberales y ya se alcanzan a sentir los efectos del “despojo” que se avecina. Aún no ha pasado mucho tiempo de la reforma educativa y ya alcanzamos a sentir como las instituciones educativas empiezan a “cerrar la pinza” de la reestructuración institucional conforme a los cánones educativos del neoliberalismo. Debemos advertir que bajo la lucha particular de los estudiantes del IPN, subyace la lucha contra los efectos del neoliberalismo en la educación; de igual forma los estudiantes que hoy nos lanzamos a la protesta contra las prácticas fraudulentas y antidemocráticas en la UABC, debemos visibilizar la lucha en los términos del antagonismo contra un sistema político insuficiente, basado en la ficción representativa y, contra los efectos del sistema económico neoliberal que pretende ajustar la vida social a su propia dinámica de mercantilización y especulación.
En resumen, si las protestas estudiantiles surgen como resistencia frente a hechos concretos como la descualificación profesional, el fraude y la falta de democracia universitaria, esto no debe hacernos perder de vista que estos efectos en la educación superior no son sino elementos que indican la pauperización progresiva que promueve el sistema económico capitalista-neoliberal y el Estado Mexicano.
En consecuencia, esto debe replantear la forma de lucha, sus dimensiones y por resultado reconocer el límite de la reivindicación parcial ante el recrudecimiento de la ofensiva de las redes de poder que gobiernan en México. No puede pasar lo que sucedió en Ayotzinapan, ni podemos permitir que el asesinato a estudiantes se repita, la coyuntura de este capítulo debe servirnos para evidenciar el carácter clasista del Estado Mexicano y la alianza entre la elite capitalista del país y la elite económica internacional. Pero al mismo tiempo, debe brindarnos las herramientas para hacer visibles los efectos del poder -como es el caso-, con la finalidad de combatirlos y llevar la protesta más allá de la organización pasiva, la ingenuidad política y la subordinación de la lucha a los canales institucionales de la protesta. De lo contrario, estaríamos asistiendo una vez más a otra derrota del movimiento estudiantil y de la juventud, que ante su propia referencialidad no ha logrado articular su lucha con la crítica a la totalidad del sistema capitalista y, con ello, termina por ahogar su rebeldía en la domesticación, ante el beneplácito de los partidos políticos y las limitadas perspectivas de las facciones supuestamente revolucionarias.
Bajo esta perspectiva antagónica, qué significado puede tener la consigna de un congreso universitario cuando el fracaso del sistema político mexicano radica en su naturaleza representativa. O qué importancia puede tener el luchar por democracia universitaria cuando los corporativos colocan gobernantes a su antojo, los gobiernos encarcelan a sus adversarios políticos o los asesinan.
En pocas palabras, si el advenimiento de una crisis universitaria no es sino el reflejo de la crisis del sistema del que somos parte, la lucha no debe entonces limitarse en la reivindicación de modificaciones parciales, sino prolongarse en la conflictividad del propio sistema para su negación -claro, si es que realmente queremos articular un movimiento que anule y supere el actual estado de las cosas-. De otra manera la acumulación de un capital político o la búsqueda de espacios de gestión burocrática para las organizaciones izquierdistas puede una vez más ahogar el movimiento; mientras en su lugar, el antagonismo en las calles nos permitiría articular una crítica total que tendría como punto de partida y finalidad la auto-organización anticapitalista y autónoma del descontento.  

lunes, 8 de septiembre de 2014

LO QUE SE ESTANCA SE PUDRE.

                            



Para quien ha decidido pasar de la palabra al accionar insurreccional y llevar éste a todos los ámbitos de la vida donde sea necesario le es prioritario el entrar en continuas reflexiones y así replantearse una, otra y otra vez sus pensamientos, herramientas y estrategias de lucha. Esto para no caer en pasivas dinámicas que resultan estériles y contra producentes a la hora del ataque.

De ahí nuestra necesidad de retomar temas importantes que al no considerarlos como algo fijo debemos siempre poner a debate y discusión.

De manera que a título personal y de manera humilde me doy a la tarea de replantear lo que entiendo por la informalidad y anarquismo insurreccionalista  -de manera breve- con la intención de que quienes se puedan sentir identificados puedan contribuir y desde su lugar, darle mayor profundidad y debate. Así mismo, hacer una pequeña critica para aquellas corrientes anárquicas que se han empeñado en tratarnos como "piromaníacos sin ideas".

Alrededor del mundo se siguen generando conflictos y tensiones por parte de compañerxs anarquistas en contra del complejo aparato de dominación, lo cual no deja de llenarnos de inspiración a quienes coincidimos con sus luchas, buscando así extender y generalizar el conflicto a manera de ataque decidido y destructivo. El esfuerzo de lxs compas que deciden poner en marcha sus proyectos basados en la coherencia de la teoría-práctica y práctica-teoría (entendiendo que se complementan la una con la otra) debe ser tomado en cuenta, no dejándolo en el olvido y poniéndolo a debate y discusión de manera crítica-constructiva, buscando así aprender de errores y aciertos para posteriormente pasar al campo de batalla: la guerra social.

Esto deja claro que el enfrentamiento contra todo poder y autoridad no es una idea de locos y chiflados, sino una real y palpable forma de buscar de manera incisiva nuestra total y definitiva libertad.

Hablamos de que la Anarquía no es para nosotrxs una ideología (una lucha que se basa en ideas fijas que nos dictan como actuar), sino una forma de concebir la vida y vivirla conforme a nuestras tesis, análisis y críticas surgidas en la reflexión de las luchas que reflejan nuestra realidad que siempre está en busca de nuevos métodos, estrategias y formas de ataque; por eso nos reclamamos anarquismos insurreccionalistas y organizados en una lógica informal.

Entendiendo el insurreccionalismo como una acción que nace desde la individualidad, como la ruptura que cada quien lleva consigo mismo, transformando el entorno que lo rodea, desde el núcleo familiar, social y político, que muchas veces nos mantiene en esta cárcel/ sociedad de la cual no es tan fácil salir. Así trascendemos al conflicto. Si algo da identidad a la lucha insurreccionalista es precisamente el llevarla más allá de la ilusión y la palabra, de tener la iniciativa en el conflicto de clases y romper con la pasiva actitud de la resistencia para pasar al ataque, sin limitarse a la espera de ser represaliados, para entonces tener justificación de atacar; sino haciéndolo ya, aquí y ahora. El conflicto permanente, lo llevamos en nuestro diario andar, en nuestras cabezas y corazones, siempre buscando generalizarlo a los barrios, colonias, pueblos y más allá; para llegar a organizarnos -mediante núcleos de base- junto a personas no anarquistas quienes libran fuertes batallas, por ejemplo, para frenar proyectos gubernamentales que pongan en peligro su bienestar y/o sus vidas. Es importante no situar la lucha insurreccionalista en una estructura mínima de "organización específica", pues va más allá de la clandestinidad, como anteriormente lo expliqué.

Si bien, esta lucha no es nada nuevo, si se ha ido renovando, podríamos citar antiguas luchas de campesinos e indígenas que dignamente se sublevaron contra latifundistas y terratenientes, pero en otro contexto histórico, así pues, veo como marco de referencia luchas pasadas mas no como métodos a seguir.

Es necesario dejar de solo recordar pasados combates olvidando que es en el aquí y ahora que debemos llevarlos a cabo.

Entiendo la informalidad de la estructura organizativa del anarquismo insurreccionalistas como la relación más o menos estable de personas, grupos o movimientos que se mantienen en un constante acercamiento buscando profundizar el conocimiento adquirido en las luchas, sin estructuras burocráticas ni delegación de responsabilidades y rechazando posibles organigramas que den pie a relaciones de poder. Aquí entra -digamos- la parte de la que los "insus" tanto hablamos y defendemos que es el constante replanteamiento y reacomodamiento de las formas y métodos empleados al llevar al campo de batalla el ataque destructivo.

La informalidad es algo no estático y en constante reestructuración (nunca olvidemos que "lo que estanca se pudre"), de lo contrario no sería informal.

Son los grupos de afinidad quienes inspirados en ésta forma organizativa se reúnen por lo general en grupos pequeños, hermanados por un mutuo conocimiento personal. También son importantes para generar afinidad el estudio y la crítica de las problemáticas sociales, no sólo de luchas parciales, así como debates llevados hasta lo más profundo para entender desde las raíces aquello que se confronta; y sobre todo es el mismo sentido destructivo de todo lo existente lo que nos hace sentir afinidad. Llegando así a la complicidad. No es lo mismo la amistad que afinidad, aunque pueden ir de la mano o por separado, es decir, ser afinidad sin ser amistad y viceversa.  Así estos grupos se fortalecen y saben con quienes se cuenta a la hora de pasar a la práctica. Éstos pequeños grupos están destinados a desaparecer al cumplir el objetivo con el cual fueron creados y surgiendo otros nuevos, retomando lo dicho anteriormente "lo que se estanca, se pudre”. La unión de diversos grupos de afinidad es también parte de ésta informal forma organizativa.

Hasta aquí, ésta ligera aportación, intentando, como ya lo dije, que se profundice-

Ahora me ocupa el realizar una pequeña crítica para aquellos grupos, plataformas o federaciones y a algunxs compas "insus", sobre un actuar que considero merece poner atención y que no comparto. Si bien el anarquismo es antagonista a toda forma de estructuras y relación de poder –lo que comúnmente conocemos como "sistema de denominación"-, existe también dentro del mismo movimiento diversas corrientes que desacreditan con tono viperino el accionar  de aquellos que van más allá de la simple palabra y deciden salir de la monótona pasividad que por sí sola lleva. Corrientes que se ensalzan "predicando" que las cosas deberían de ser de tal o cual manera como grandes teóricos de café, así, sin más. Desde hace tiempo he sentido cierta renuencia a aceptar dichas doctrinas anarquistas donde apasionadamente se habla de "buscar" emanciparse de toda imposición, formar relaciones de fraternidad y amor horizontal entre lxs iguales casi partiendo de un idealismo cristiano que rece la consigna de "erradicar la maldad del mundo", pero... ¡¡sin hacer nada más que reunirse para hablar, hablar y seguir idealizando su perspectiva de una vida en libertad!!, pero olvidándose o  dejando de lado que dicha vida está en manos de un poderoso enemigo al cual es necesario atacar de manera permanente y destructiva.

Por si solas las rabiosas e ingeniosas ideas –teorías  no sirven de mucho-. Considero la propaganda y contrainformación como algo importante, pero no cuando solo se utiliza para mover a las masas; y sobre todo si ese "mover" lleva implícito el esperar el "momento ideal" para lanzar la ofensiva, como quien espera a su mesías, y en esta espera habrá que dedicarse al proselitismo para engrosar sus filas y caer en posiciones cuantitativas.

Entonces, al no coincidir con aquellxs que deciden poner en práxis el ataque directo, sin espera de  mediación del Estado y Capital, deciden insolidariamente silenciar sus luchas  y consecuencias, haciendo como que "aquí no pasa nada" y siguiendo con sus pláticas y adoctrinamientos populosos -como quien jala ovejas para su rebaño-.

Pienso  que por medio de marchas, mítines, plantones y pláticas del anarquismo, congresos, grandes y pomposos recitales de la libertad -por si solos- no inmutarán ni mucho menos destruirán al enemigo que dicen combatir.

Termino este escrito, que si bien es cierto es sólo un montón de cosas que ya se han dicho, son también cosas que de cerca he vivido y reflexionado, quedando a la crítica y debate de quien lo crea conveniente.

Por último, no quiero dejar pasar la ocasión de enviar un caluroso y fraterno abrazo y toda mi solidaridad para lxs compas: Nikos Maziotes en prisión griega y Pola Roupa en fuga, Mónica Caballero y Francisco Solar en España, Felicity Ryder en fuga, Fredy, Juan y Marcelo en $hile, mucha fuerza compañera Tamara Sol; Mario "Tripa" en fuga, Gian Luca Lacovaca y Adriano Antonacci en Italia; Gabriel Pombo da Silva, y en México Mario González, Abraham, Fernando, Fallon y Amelie.

A todxs ellxs y todxs lxs que no estoy enterado, mi amor, rabia y solidaridad.

Irreductibles y refractarixs por siempre, porque la lucha no es para conseguir privilegios ni un cómodo futuro, sino que es una condición-acto en busca de destruir toda forma de dominación; para así, resurgir de entre los escombros y, entonces ser libres.

Carlos López "Chivo"


Reclusorio Oriente, México D.F.

miércoles, 20 de agosto de 2014

“Democracia”… la apropiación de las palabras.



Democracia proviene del griego, y se construyó a partir de "demos", lo que se puede traducir como "pueblo", y "krátos", lo que puede significar "gobierno"
No se critica su significado etimológico, solo su inexistencia práctica, su utilización dentro del discurso hegemónico, mismo que llega hasta las instituciones educativas en todos los niveles. Por consiguiente, la crítica es a la democracia como derecho jurídico-político y no como una construcción que se da solo con la participación directa en las decisiones individuales y colectivas; es decir, como una forma de ver y pensar el mundo cotidiano, una cosmovisión.
La democracia como concepto parece haberse perdido y deformado a través de los siglos, o al menos eso es lo que parece;  desaparece junto con la involución del lenguaje, aquello que se deconstruye invariablemente y que toma formas insospechadas, poco inteligibles a las masas desposeídas de la más mínima estructura lingüística.
Esta, en plena decadencia y desarticulada de manera ingeniosa se ha vuelto al redil que le dio vida, las clases más privilegiadas, aquellas con los recursos y alcances suficientes para la manipulación de la palabra, reduciendo su importancia a solo un emblema encerrado en un discurso demagógico.
La democracia nunca ha llegado a la conciencia de la mayoría, ni siquiera en su surgimiento. En la antigua Grecia los filósofos aristocráticos tuvieron en mente a la “totalidad”, y esta estaba compuesta de aquellos que merecían –según el orden establecido- llamarse ciudadanos de la polis, los cuales eran pocos. La mayoría no tenía voz para decidir sobre sus propias vidas individuales y colectivas,  alrededor del 75 % eran esclavos, trabajadores, mujeres y extranjeros, los cuales quedaban fuera de este ejercicio social; y así nació la democracia, la cual nunca llego a la verdadera práctica cotidiana de sus principios fundamentales.
La democracia –como se dijo anteriormente- se ha transformado dándole un sentido extra, un calificativo según la intención, ha cambiado de manera servil las necesidades e intereses coyunturales de una sociedad jerarquizada. El concepto en solitario parecía limitado aun y cuando en su interior denotaba lo necesario para sobrevivir, se dividió en diferentes formas dependiendo de sus prácticas.
Actualmente, estas son las que se llevan de manera más común en los diferentes estados-nación: democracia representativa o indirecta y democracia participativa.  Una más limitadas que la otra, la única semejanza es que son una construcción unidireccional y exclusivista, la cual sufre de una endogamia política por que invalida la posibilidad del afuera, nada hay más allá, solo el que está dentro es parte del juego político y social.
El concepto se ha universalizado a tal grado que elimina cualquier alternativa, así la democracia se presenta como inamovible dentro del sistema simbólico, y por lo tanto el principio de igualdad inherente queda rebasado.
Para destituirlo de este sistema simbólico se debe dar la razón al hecho de que a pesar de sus cambios determinados por aspectos históricos, sociales y económicos de fondo, su carácter es inalterable y solo hay una confrontación por su significado y representación.
En la época moderna, la democracia se muestra como el símbolo institucional que encarnada en la democracia liberal parlamentaria (democracia representativa) y  acorde con el sistema capitalista es parte importantísima del engranaje económico.
Por supuesto esta versión de la democracia no tiene nada que ver con su etimología ya que no es inherente a la totalidad -incluyendo a los grupos antagónicos-,   tampoco con una búsqueda igualitaria en el aspecto material que otorgue mayor libertad de movimiento en asuntos de la comunidad.
Más bien, acrecienta la  visión individualista -con este individualismo me refiero a la búsqueda egoísta del goce privado- perdiendo el interés por la forma, inclinando la balanza hacia el sujeto, al demócrata. Este tiende a ser apolítico y reniega ante cualquier forma que lo lleve a considerar algo referente a lo “común”; llegando en su punto álgido con el arribo de la modernidad, muy lejana esta, de una democracia más pura como sería una democracia directa.
Actualmente hablar de la soberanía tanto individual como colectiva parecería risible, pero es importante tocar el tema, dado que lo que interesa es ese discurso populista y engañoso de la democracia de Estado como representación de las elites.
Es por eso que se tocara un tema aparentemente inadmisible e impensable como es la critica ya degastada de la existencia del Estado-nación, sobre todo en una era global donde poco a poco desaparecen las barreras que separan la libertad de acción del Estado gracias a la perdida de la soberanía nacional sustituida por una lógica económica que convierte al planeta en bloques económicos.
Sin embargo, los Estados siguen existiendo como brazos administrativos de estos bloques, la crítica a la democracia actual se cimienta con los principios y valores de la democracia, los cuales son contradictorios con la terminología de Estado democrático, ya que este está basado en la fuerza, la autoridad, la explotación, la desigualdad.
Como anteriormente se había comentado el estado responde a una lógica económica que permea al individuo hasta las prácticas diarias de forma irracional para convertirlo en objeto de consumo y es así que la democracia aparece como valor de libertad, una libertad de elección de determinados productos de consumo o servicios, satisfaciendo la parte privada del sujeto.
Esta forma funciona únicamente bajo la forma de representación parlamentaria a través del Estado como órgano administrativo y regulador poniendo por encima los intereses de la cúpula en el poder.
En palabras de Mijaíl Bakunin:
“la producción capitalista y la especulación bancaria se llevan muy bien con la llamada democracia representativa; porque esta forma moderna de Estado, basada sobre una supuesta voluntad legislativa del pueblo, supuestamente expresada por los representantes populares en asambleas supuestamente populares, unifica así las dos condiciones necesarias para la prosperidad de la economía capitalista: centralización estatal y sometimiento efectivo del soberano –el pueblo- a la minoría que teóricamente lo representa pero que prácticamente le gobierna en lo intelectual e invariablemente le explota”
Como podemos ver la democracia lanzada desde lo más alto solo sirve para eliminar las alternativas de una sociedad que pudiera ser más igualitaria en términos positivos. Los de abajo, la mayoría, no necesitan de una democracia que fomente la inmovilidad o mejor dicho la movilidad esporádica que dicta el derecho ciudadano, no necesita representantes, tal vez delegados, la democracia debería ser una forma cotidiana de decidir en los aspectos esa cotidianidad.
Los individuos deben actuar, ya no como sujetos, sino como actores de cambio, crear sus propios dispositivos que logren un desarrollo pleno de la democracia y que esta no se quede como un concepto utópico y dado por otros, sino construido en base a una praxis del “nosotros” que sea introducido en las conciencias y en el lenguaje común.
Por supuesto que no hay mejor lugar para fomentarla que los espacios de socialización, esos lugares donde adquirimos y transformamos los modos de pensar, sentir y actuar en relación con nosotros mismos, con otros y con la colectividad.
Esos espacios son aquellos donde se aprende y se transforman los valores y las visiones de la vida; de acuerdo como funcionan esos espacios funciona la sociedad misma y esos espacios no son otros que la familia, la calle o el barrio, el grupo de amigos, las organizaciones comunitarias y todo lo que se llama “escuela” en términos técnicos no institucionales.



martes, 19 de agosto de 2014

Por una Guerra Social en todos los frentes.


Las reformas neoliberales en México, aplicadas en muchas partes del mundo bajo los auspicios del FMI, OMC y BM, son reestructuraciones en el contrato mediador entre las elites y las clases subalternas –nueva leyes, reformas a la constitución, nuevas formas reguladas de explotación, etc. -.
Se intenta dar una nueva vuelta de tuerca que legitime la dominación con un pacto reformado para garantizar un modo de gobernar y gestionar la crisis en un entorno globalizado y multipolar. La finalidad es asegurar las ganancias y la acumulación de riquezas, sin importar desposeer y contribuir a la precarización de la existencia de millones, ni tampoco empujarnos a un inminente colapso ambiental.
Esto debe ocupar a los libertarios de todas las tendencias, debe hacernos cuestionarnos sobre qué es lo que sucede, incluso poner en entre dicho si nuestros métodos organizativos y formas de intervención en la luchas son suficientes para provocar una transformación, o si por el contrario, estos no se convierten en instrumentos de la política de los de arriba.
De antemano debemos establecer que siendo nuestra finalidad anárquica y antiautoritaria, contra el estado y por las autonomías, hemos de plantear la organización e intervención en estos términos; es decir, autogestionar las luchas y respetar la autonomía de cada grupo, a sabiendas de que esta es la mejor defensa de nuestra propia autonomía.   
Comprendiendo que el régimen social capitalista no es el mismo de hace cien años, que en esta etapa post-industrial y globalizada este se organiza en red y se descentraliza cada vez más; debemos transformar las formas y las ocasiones de organizarnos, aceptar que luchamos en desigualdad de condiciones y que incluso vamos perdiendo.
Si el capital multinacional es hegemónico y deja la función policiaca y militarista a los gobiernos nacionales y la manipulación mental a los medios de comunicación masivos e internacionalizados; además, si el Estado-capital solo se reestructura reproduciéndose en el espacio, entonces las redes de dominación atraviesan toda la vida social y nuestras relaciones.
Por consecuencia, emergen una cantidad de nuevos conflictos y por ende nuevas formas de encararlos; luego entonces, debemos abrir todos los frentes necesarios que exige esta guerra social. La transformación de las relaciones como resultado de procesos sociales flexibles, difusos y fugaces exige realizar cambios en la forma de organización e intervención. Esto nos orilla a buscar la fluidez e informalidad que den pie a situaciones solidarias y autogestivas como modo de atacar y transmutar la cotidianidad.
Las distintas tendencias revolucionarias tienen mucho que aportar a una práctica consecuente que dé pie a organizar la solidaridad de las clases subalternas y al mismo tiempo a desencadenar el antagonismo en pos de provocar una liquidación de este sistema ya decrepito. La aclaración y experimentación teórica y práctica es responsabilidad de cada uno de los nodos revolucionarios, así como la difusión y profundización de la lucha y la localización de rupturas posibles.
No podemos hacer más, otro tanto les corresponde a las multitudes que se embarcan en su momento a la lucha reivindicativa, es difícil en estos momentos de incertidumbre enlazar las grandes problemáticas con los efectos locales que producen el poder y la dominación. Por lo tanto, las posibilidades revolucionarias de quienes comparten principios elaborados radica en realizar ensayos autonómicos en el aquí y en el ahora, pero además en buscar una ruptura y profundizarla.
No puede ser de otra manera, no se trata de caer en romanticismos de quienes son los pacíficos y quienes los violentos, quienes sociales y quienes antisociales; se trata de encarar de manera estratégica y logística una verdadera guerra social, esto no es un juego académico donde los egos se ven dañados por emitir pobres argumentos; esto se funda en vidas que ya están siendo engullidas por millares en los engranajes del sistema.
Por lo mismo requiere de toda nuestra inteligencia, nuestro instinto y nuestra sensibilidad, utilizando todas las herramientas a nuestra disposición legadas por siglos de lucha revolucionaria. Se trata de realizar una apuesta por recorrer el camino de la lucha permanente, se trata de no perder el espíritu combativo o el instinto refractario sin el cual todo revolucionario terminaría en el reformismo y la legalidad.
Talvez un juego donde poder tejer una red especifica de afinidades revolucionarias donde los nodos actúen como vectores dentro de las luchas reivindicativas, pero a su vez donde estos nodos acepten la retroalimentación del movimiento social autónomo tratando de empujar siempre hacia la conflictividad.
Esta  apuesta requiere de principios mínimos que vinculen y coordinen la operación de estos nodos, pero sin que las partes pierdan su propia autonomía, principalmente en lo que se refiere a la capacidad para establecer su propia táctica de lucha, ya sea legal o ilegal.
Lo ideal para esto sería el secreto, si, como ética y estética; pero ya que algunos están poco preparados para la prudencia, esto será una opción de cada quien y de aquellos a quienes elijan entre sus afinidades. Como sea, en la guerra siempre hay movimientos audaces y torpes, siempre hay guerreros y bocones, pero esto no debe ser nunca motivo para que nuestro movimiento camine hacia la centralización. Al contrario, reivindicamos la autonomía táctica para todos y cada uno de los grupos, y la horizontalidad total para agilizar nuestras comunicaciones, dejando de lado cualquier tentativa de perder el tiempo en comisiones o comités especiales.
Si esto es una guerra habrá que pelearla o huir, ninguna de las dos opciones es menos honorable que la otra. Si has decidido quedarte entonces mentalízate que esta será una guerra hasta el final y que en las guerras hay bandos que difícilmente son reconciliables.